Instalamos las pantallas aislantes de lana de roca en el cerramiento perimetral de la sala de compresores de flujo continuo. Durante las primeras dos semanas, el ruido de fondo en el exterior bajó de 78 dB(A) a 54 dB(A), medido a tres metros del muro. La reducción fue inmediata, pero lo que más me interesó fue la consistencia en frecuencias medias y bajas, que antes se filtraban por las juntas del cerramiento anterior.
El montaje de los paneles modulares tomó tres jornadas completas, incluyendo la nivelación de la base y el sellado de las uniones con masilla elastomérica. El proveedor entregó los planos de disposición con las cotas de los anclajes, lo que evitó retrabajos. La lana de roca de 100 mm de espesor, con densidad de 80 kg/m³, se ajustó a las especificaciones del proyecto.
Después del primer mes, no se detectaron deformaciones en los paneles ni pérdida de rendimiento acústico. La temperatura ambiente en el galpón se mantiene dentro del rango de operación, y la ventilación forzada no se vio afectada. El único ajuste que hicimos fue reforzar los soportes de las esquinas con perfiles de acero galvanizado, porque el viento levantaba ligeramente los bordes. El resto del sistema se comportó como se esperaba.
Para una empresa que necesita cumplir con normativas de higiene industrial sin detener la producción, esta solución es práctica. No hubo sorpresas en los costos ni en los plazos. La comunicación con el equipo técnico fue directa, y las respuestas a nuestras consultas sobre la resistencia al fuego de los paneles llegaron en menos de 24 horas.